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Para Pilar Abella |
¡Con qué jubilosa exactitud el color, celoso de la forma concibió los matices en las alas de la libélula!
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¡Con qué fulgores precisos la armonía puso colofón al destello irisado de su gama!
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¡Con qué reverencia justa los afectos variaron los tonos para una belleza más sentida que creada!
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¡Con qué regalo infinito los infinitos colores dejan de ser hermosos para aparecer sublimes!
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Fernando Arrabal París, Febrero de 2001 |