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Para Pilar Abella (Ama la pintura) |
Clausurado en un guisante el gorgojo prudente vacila entre la introversión y la misantropía. |
Al punto de despuntar se encelda en las entrañas no para nacer de nuevo, sino para enterrarse. No se satisface con menos que con todo pero, como poco le parece, se retira desilusionado a la grandeza de su esperanza frustrada, a la ruindad de su socavado grano. |
Todo lo ocupa su conocimiento, alivio de su soledad, aunque no su reconocimiento. No revienta de desconocimiento, su melancolía lo entretiene deteniéndolo. Quisiera vivir en la nada el que es todo inteligencia. |
Si el pesimismo, corazón de la prudencia, es sombra tan fulgurosa, ¡cómo sería la luz! |
Engalana sus breves líneas el mosquito con la bizarría del garbo y con las precisas exigencias de la esencia. Los segmentos de sus patitas señalan la distancia entre la vida y el vacío. |
Inclino mi oreja a su sabio zumbido que es sabiduría superflua para el insecto y prolija para el que no quiere oír. |
Fernando Arrabal París, Enero de 2002 |